Un clásico siempre se disfruta
Un clásico siempre viene con un sabor especial; los aficionados lo esperan durante toda la temporada, hacen apuestas, rememoran viejos cotejos y alaban a las figuras del ayer que les dieron la gloria de burlarse de el compadre que le va al otro equipo.
La historia habla, y el derecho de llamarse clásico se reclama. Emocionante sería que los dos equipos estuviesen peleando el campeonato, que su fútbol sea vistoso para el público y que no estén dando pena ajena.
Cuando se llega a un partido de esta envergadura, se puede salvar la temporada tan mala que se ha hecho, o simplemente acabarla de destruir. Los aficionados de más años cuentan sus anécdotas, mientras los más jóvenes escuchan con atención.
Desde 2 o 3 semanas antes de que llegue el encuentro se empieza a hablar de el, los millones de técnicos mueven sus cuadros de lujo y analizan con ojo critico la situación actual.
Aquellos que no son partidarios de alguno de los equipos involucrados se sienten emocionados de lo que van a ver, saben que de los que estén en el campo muchos van a ser mundialistas, y ¿Por qué no? Alguno llegue a brillar como muchos lo han hecho.
Sin duda un Juventus – Inter de Milán llama poderosamente la atención, y eso que todavía faltan varias fechas para la llegada de ese encuentro.
Por los demás, eso no tiene el privilegio de llamarse clásico. Es solo un espejismo y producto de la mercadotecnia que las televisoras, jugadores y directivos se encargaron de destruir. Una pena.
